libertades , lituma , noticias , sociedad Lunes, 19 diciembre 2016

Asesinos de libros: una crítica a la nueva y peligrosa tendencia de vender libros por vender

La pequeña librería “La libre” de Barranco, que trabaja doce horas al día, seis días a la semana, le dirige una carta titulada «Un outlet, dos outlets, tres outlets: cero librerías» a una importante editorial peruana, pues esta vendió libros con descuentos de hasta 60% por Navidad, pero se saltó un eslabón clave en la cadena de distribución del libro: las librerías.

Los eslabones encarecen los libros, como cualquier otro producto, y muchas librerías, es cierto, pagan a destiempo a los editores pequeños, pero dejar morir a las librerías es suicida por miles de motivos. Uno de ellos, si no hay “demo saber”, no puede haber “demo poder” (Homo Videns, Giovanni Sartori) y las librerías son puentes entre editoriales y lectores.

Con los libros intensificamos nuestra capacidad de abstracción y vemos más detalles; sin libros nos empobrecemos terriblemente, sólo entendemos los gestos y guturalismos de “Esto es guerra”, y, convertidos en el público fácil que aplaude el circo de “MototaKsi”, vamos de cabeza hacia el autoritarismo.

Fuente: Nacional Geografic

Foto: Charlie Hamilton James/Nacional Geografic

Cuando las editoriales se saltan olímpicamente a las librerías, muestran la competencia desigual en un país como el Perú cuyo Estado no protege la espacios de cultura. “La libre”, por eso, le dice a las editoriales:

«Entre compañeros les decimos que están matando a su propia gente. Están matando a las librerías».

Esas pequeñas librerías no son “burócratas inservibles” del mercado. Si las librerías cuentan con el apoyo de libreros despiertos (como el anárquico Veguita, el gordo Padilla y Daniel de la PUCP), las librerías entonces se convierten en una guía para adolescentes y jóvenes y asombran a adultos.

Un librero es un psicólogo nato que conversando rastrea nuestros gustos y, sin didactismos, menciona ensayos, poetas, cuentistas. Así conocí a mi amigo Camilo Torres, cuando yo estudiaba en Letras en la PUCP y le preguntaba por ensayos de Freud. Camilo, imperturbable y conmovido, me tocó el hombro, ahorró maleza y citó de memoria Edipo Rey:

«Muchos hombres se acuestan con sus madres en sueños».

Esa inteligencia y cultura vital, esa corazonada de Camilo y de tantos otros libreros que deambulan en universidades o librerías, es valiosísima para el lector que busca orientarse entre torres y torres de libros, pero ese olfato fino del bibliómano resulta indiferente para las editoriales que quieren vender novelas como si habláramos de picarones y anticuchos.

La editorial impersonal pondrá en el escaparate Los cinco santos del Perú (2016) de Juan Luis Cipriani y amontonará en un almacén a Gargantúa y Pantagruel.

Hemos interiorizado el credo neocapitalista a tal punto que la desigualdad en la competencia se presenta como virtuosa y, antes que lectores y ciudadanos, somos consumidores.

Este mes de Navidad las grandes editoriales se restriegan las manos porque, en un mundo más uniforme, compramos libros en carretillas y, estimulados por burdas carnadas, consumimos best sellers. Que no sea así. Conversemos con nuestros amigos y libreros, visitemos librerías pequeñas y que nos recomienden los libros más extraños y alejados de nuestro sentido común.

Foto: Ronan Donovan/National Gregrafic

Foto: Ronan Donovan/National Geografic